El indio americano llegaba a la pradera el día
siguiente que lo hiciera el hombre blanco y descubría un cementerio a cielo
abierto de muchas más fieras de las que habrían cazado jamás ellos, de muchas
más de las que era capaz de comerse el propio hombre blanco. Estremecimiento
aparte, el indio no llegaba a entender el porqué de aquella barbarie.